El Consejo de Ministros ha analizado esta mañana la propuesta de cuenta europea de inversión presentada por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que básicamente pretende otorgar una exención fiscal de cinco años para aquellos inversores que mantengan su dinero inmovilizado durante al menos este período, al cabo de los cuales tributarían por las plusvalías generadas a un tipo marginal del 20% por las rentas del capital, tal y como adelantó elEconomista.es.
El contexto político explica la celeridad por sacar adelante una propuesta de cuenta europea de la que el propio ministro fue promotor junto a otros siete países europeos a través de Finance Europe, la etiqueta con la que se pretende identificar aquellas inversiones que promuevan la inversión directa en Europa a largo plazo.
Con todas las miradas puestas actualmente en el decreto sobre vivienda –que los grupos políticos de izquierda han puesto en la diana de sus principales reivindicaciones al calor del desahucio de la octogenaria Maricarmen Abascal–, incluir la cuenta europea junto a otras medidas de menor escrutinio público en este momento facilita la aprobación de la propuesta de cuenta europea de inversión, que en otro contexto podría tener un encaje más difícil, al identificarse habitualmente la inversión con un asunto de altos patrimonios.
Teniendo en cuenta, además, la posibilidad de que el presidente del gobierno pudiera adelantar las elecciones generales en función de las circunstancias políticas, lo que dejaría postergada la cuenta europea de inversión hasta la siguiente legislatura.
Rebaja de tres puntos
En la propuesta presentada por Economía, con una tributación por las plusvalías del 20% a partir del quinto año si se retira el dinero invertido, los inversores se beneficiarían de una rebaja de hasta tres puntos porcentuales en el caso de las rentas más altas, lo que podría servir de gancho para atraer dinero hacia estos vehículos y que permitieran ganar músculo patrimonial.
De momento falta por conocer si esta propuesta de cuenta europea permitirá incluir todo tipo de activos (bonos, acciones, ETF y fondos) o si obligará a tener un porcentaje determinado en activos de compañías españolas.
Tampoco se sabe aún sobre si será un nuevo tipo de vehículo creado ex profeso o se aprovechará la carcasa de algunos productos ya existentes como los Sialp (seguro individual de ahorro a largo plazo), como adelantó CincoDias, o su equivalente en formato Cialp (cuenta individual de ahorro a largo plazo), que ya presentan algunas de las características que se han recomendado desde Bruselas para las cuentas europeas de inversión, como la inversión mínima de cinco años.
Solamente habría que adaptarlas normativamente para que cumplieran los nuevos requisitos. Y al ser productos que ya están en el escaparate de las entidades financieras y aseguradoras, sería más fácil su comercialización entre sus clientes.
Hay que tener en cuenta que en España la gestión discrecional de carteras se ha convertido en el principal segmento de distribución de fondos de inversión, al acaparar junto al asesoramiento financiero casi tres de cada cuatro euros invertidos en estos productos. Y los fondos ya gozan de una fiscalidad ventajosa, al no tener que tributar los inversores por las plusvalías hasta que se venden las participaciones de los fondos, aunque al tipo marginal correspondiente. Razón por la que si sale adelante la propuesta de cuenta europea, tendría una capa adicional de beneficio fiscal si estuvieran compuestas exclusivamente de fondos.
Desde la industria de inversión se ha insistido permanentemente en que las cuentas europeas de inversión incluyan rebajas fiscales que sean claramente ventajosas para el inversor y que no se delimiten volúmenes máximos de inversión para incentivar el trasvase de dinero desde otros productos financieros hacia estos nuevos vehículos.
Josep Soler, consejero de Efpa Europa, una de las mayores asociaciones de asesores y planificadores financieros del Viejo Continente, asegura que no es tan importante la tipología de activos que pudiera permitir la cuenta sino la fiscalidad, aparte de la flexibilidad de elección de dónde invertir, ya que en otros países de la UE se está delimitando la inversión en activos de compañías nacionales para favorecer la inversión en Europa.
Canalizar el ahorro
La idea de las cuentas europeas de inversión surgió de la intención de la Comisión Europea de canalizar los más de diez billones de euros aparcados en depósitos hacia sectores de la economía que Bruselas considera claves para competir globalmente, como la digitalización. De ahí que lanzara en el contexto de la estrategia Savings and Investments Union (Unión de Ahorros e Inversiones) una serie de recomendaciones a los estados miembros para la implantación de estas cuentas. Entre ellas, que presenten ventajas fiscales importantes, un ámbito que escapa a las competencias de la Comisión y que depende de cada país.
A mediados del año pasado, y a través del Laboratorio de Competitividad, una iniciativa impulsada por España junto a Francia, Alemania, Países Bajos, Portugal, Luxemburgo y Estonia, Carlos Cuerpo presentó la etiqueta Finance Europe, con el objetivo de identificar los productos de inversión en activos europeos a largo plazo.
Entre las características que se mencionaron entonces la principal era que al menos el 70% de los activos en los que inviertan sean de empresas del Espacio Económico Europeo, que tengan un horizonte mínimo de inversión de cinco años y que una parte sustancial de los activos sean de renta variable. Elementos que a priori se cumplirían con la propuesta que va a analizar hoy el Consejo de Ministros.
Una propuesta descafeinada
La propuesta del Ministerio de Economía de aplicar un 20% de tributación a las plusvalías generadas durante al menos cinco años en las cuentas europeas de inversión pueden quedar descafeinadas respecto a otros países europeos, donde se está estudiando una exención más amplia. Y delimitaría el perímetro de potenciales inversores que se podrían beneficiar a aquellos con un volumen patrimonial elevado, a los que compensaría invertir en estas cuentas de inversión al obtener una rebaja en su tipo marginal en este tipo de vehículos.
Fuente: El Economista