El Banco Central Europeo ha abierto el debate sobre uno de los asuntos más sensibles de la política energética: la armonización de la fiscalidad y de los cargos regulados de red en toda la Unión Europea para reducir las diferencias de precios eléctricos entre países y aliviar la presión sobre la industria.
El BCE publica dentro de su serie de documentos ocasionales un análisis de Charlotte Grynberg, Francesca Vinci y Alessandro de Sanctis, donde se advierte de que las enormes divergencias existentes entre Estados miembros en impuestos, peajes y cargas reguladas están fragmentando el mercado energético europeo y erosionando la competitividad de las empresas comunitarias frente a potencias como Estados Unidos o China.
El documento –sobre el que el BCE advierte que no tiene porque compartir las conclusiones– explica que las diferencias nacionales en fiscalidad y metodologías de cálculo de cargos de red generan fuertes distorsiones en los precios finales de electricidad y gas que pagan las empresas europeas. El informe recuerda que en algunos países los impuestos y cargas representan más del 35% de la factura eléctrica industrial, mientras en otros incluso existen esquemas negativos o compensaciones públicas.
El análisis destacado por el BCE considera que este escenario está debilitando la integración del mercado energético europeo y creando desequilibrios competitivos dentro del bloque comunitario.
«El tipo de medidas contempladas puede promover una fiscalidad más eficiente y armonizada», señala el documento, que también menciona la necesidad de adoptar diseños comunes para las metodologías de tarifas de red.
La propuesta supone un movimiento especialmente relevante porque afecta directamente a competencias fiscales nacionales, uno de los ámbitos donde históricamente los Estados miembros han mostrado mayor resistencia a ceder soberanía a Bruselas.
El informe vincula además esta armonización con la electrificación de la economía europea. El trabajo considera que la estructura fiscal actual no está alineada con los objetivos climáticos y mantiene señales de precio que no favorecen plenamente el abandono de combustibles fósiles.
El documento destaca que electricidad y gas soportan cargas fiscales relativamente similares en muchos mercados europeos, pese a que la estrategia comunitaria apuesta por acelerar la electrificación.
La institución también alerta del creciente peso que tendrán los costes de red en los próximos años. Según recoge el informe, las inversiones necesarias para integrar renovables, almacenamiento, digitalización y electrificación podrían disparar los costes de red para consumidores entre un 60% y un 100%. De hecho, ACER, el regulador energético europeo, hizo ayer una propuesta para financiar este incremento de costes.
Asimismo, el informe enmarca estas propuestas dentro de una estrategia para construir una auténtica «Unión Energética Europea», con mayor coordinación supranacional en inversiones, infraestructuras, financiación y política industrial. La institución considera que la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania y el actual conflicto en Oriente Medio muestran que Europa es vulnerable.
Más renovables donde se puedan instalar
El Banco Central Europeo avala en un informe ha defendido por primera vez una planificación energética mucho más centralizada a escala comunitaria que permitiría concentrar el despliegue de energías renovables en aquellos países con mejores recursos naturales, aunque la electricidad termine abasteciendo a industrias situadas en otros Estados miembros.
En un documento sobre seguridad energética y competitividad industrial, el BCE sostiene que Europa está desaprovechando una parte sustancial de su potencial renovable por la fragmentación de las políticas energéticas nacionales y por la falta de coordinación entre países.
La institución plantea que una estrategia europea coordinada permitiría maximizar la producción renovable priorizando las inversiones allí donde las condiciones de viento o radiación solar sean más favorables, apoyándose después en una gran red europea de interconexiones eléctricas para transportar la energía hacia los grandes centros de consumo industrial.
El BCE pone cifras al impacto potencial de ese modelo supranacional. Según sus estimaciones, una estrategia coordinada a nivel europeo podría elevar la producción media hasta un 42% en energía solar y un 110% en energía eólica frente a un escenario en el que cada país continúe desarrollando capacidad de manera más aislada.
La propuesta supone avanzar hacia una especialización energética europea, donde determinados países podrían convertirse en grandes polos de generación renovable. España emerge como uno de los posibles grandes beneficiados de este planteamiento por su elevado potencial.
Fuente: El Economista