Francia es actualmente un polvorín para los mercados. El país afronta un problema fiscal que no encuentra salida mientras las protestas estudiantiles han llevado a la calle las movilizaciones en contra del Gobierno. Esta tensión que se vive en las calles ha llegado a los mercados financieros galos, que cotizan una bolsa en mínimos del año mientras los bonos franceses disparan su rentabilidad a máximos no vistos desde 2002: mucho antes de la crisis de deuda europea o de la crisis de Lehman Brothers.
El bono francés a diez años supera este jueves el 4,9% que no se veía desde 2002. La rentabilidad de este bono sube 135 puntos básicos desde que arrancó el 2026. Mientras tanto, el Cac 40 cotiza cerca de sus mínimos del año con los que ya cede más de un 5% en lo que va de ejercicio.
Francia se ve arrastrado por los mismos problemas que afectan al resto de Europa. La guerra en Oriente Medio eleva los precios del petróleo y las expectativas de inflación. En consecuencia, el Banco Central Europeo eleva los tipos de interés y encarece los costes de financiación. Hasta aquí, son las mismas reglas para todos los Estados y empresas que tienen que pagar más al inversor por colocar su deuda. Pero el país al otro lado de los Pirineos cuenta con un problema añadido.
Su deuda crece más que su PIB y eso sitúa su déficit fiscal en el 5,4%: lejos del límite del 3% con el que juegan el resto de los miembros de la eurozona. «El principal problema de Francia es su elevado nivel de déficit. El mercado no muestra una confianza especial en que pueda bajarse al 5% de objetivo previsto desde el Gobierno. A ello se suma un factor político relevante: en primavera habrá elecciones en Francia, con opciones muy abiertas y situadas prácticamente de un extremo a otro del espectro político», comenta el director de inversiones de Mutualidad, Pedro del Pozo.
Este cúmulo de circunstancias está llevando al índice Cac francés a su mínimo del año este jueves. La bolsa de París se deja más de un 5% en 2026. El selectivo galo es el índice que peor desempeño muestra en lo que va de ejercicio y chocha con la evolución del EuroStoxx 50, que aún avanza un 5,5% en el año. Son más de 10 puntos porcentuales de diferencia y eso que el EuroStoxx 50 está compuesto por 50 compañías de las que un 30% son francesas.
Sin embargo, donde mejor se ve el temor de los inversores a la situación fiscal en Francia es en el mercado de deuda soberana. En los últimos meses Francia ha desarrollado un comportamiento más propio de las economías periféricas de la eurozona (que históricamente reflejaron menor control fiscal) que del centro europeo. Esto ha llevado al bono galo a 10 años a registrar una aversión al riesgo superior al marcado durante la crisis de deuda europea que encontró su peor momento en 2011. También cotiza con un retorno a vencimiento en el mercado secundario superior a la crisis de Lehman Brothers (2007-2008), donde se encuentran la mayor parte de referencias a diez años como el bono alemán.
Frente a los 60 puntos básicos que incrementó la rentabilidad el bund este año, el caso francés dobla este repunte del retorno a vencimiento en el mercado secundario. De esta forma, la prima de riesgo francesa (diferencial entre ambos bonos a diez años) se sitúa en máximos de 2012 tras superar los 135 puntos básicos.
Toda la curva de deuda francesa se ha disparado. Es, hasta la fecha, la curva europea que más se tensa con un empinamiento de la curva particularmente alto entre los doce meses y los 20 años, donde el salto supera los 100 puntos básicos en todos los casos. Esto se traduce en una mayor dificultad para pedir dinero prestado al mercado. Francia paga el mayor interés por colocar su deuda en Europa, solo superado por el Reino Unido que funciona con otra divisa y otra política monetaria.
Asimismo, las coberturas para cubrir un posible impago de Francia se han disparado. El riesgo de un default es irrisorio. Aún así, los CDS (Credit Default Swap) a 5 años ronda los 80 puntos básicos. Es decir, cubrir una compra de deuda francesa de 1.000 euros supondría un desembolso anual de ocho euros: máximos de 2012.
Efecto contagio más allá de Francia
La situación de la deuda soberana puede saltar ahora a los grandes bancos franceses cotizados. Normalmente, la situación de la economía de un país tiende a permeabilizar en el tejido empresarial de las entidades financieras y socavar sus balances. «Como resultado, que era de esperar, en las últimas semanas observamos que los bancos franceses han tenido un comportamiento peor que el de sus homólogos europeos, tanto en el ámbito del crédito como en la renta variable», explica el gestor de carteras de TwentyFour AM (boutique de Vontobel), Jakub Lichwa.
Del mismo modo, el riesgo fiscal y político de Francia puede saltar al resto de mercados de la eurozona y provocar un derrumbe mayor del mercado de deuda y del de bolsa. «Dada la importancia sistémica de Francia en la zona euro, una mayor ampliación de sus diferenciales podría trasladarse a otros mercados. Esto sitúa al BCE en una posición complicada: mantener una postura restrictiva para combatir la inflación podría agravar las presiones fiscales, mientras que suavizarla podría socavar la credibilidad de su política monetaria», explica el director de inversiones de Wellington Management, Marco Giordano.
Recientemente, Moody’s rebajó su calificación de deuda para Francia de Aa3 estable a Aa3 negativa. La decisión de cambiar la perspectiva de la agencia de ratings se justificó por el mayor riesgo de que la fragmentación del panorama político del país siga perjudicando el funcionamiento de las instituciones legislativas francesas. Esto podría llevar, según Moody’s, a una carga de la deuda creciente y a un aumento duradero de los costos de endeudamiento, lo que se traduciría en «un debilitamiento más rápido de los indicadores fiscales clave de Francia de lo que actualmente esperamos», explican desde la calificadora de deuda.
Por lo pronto, no ese esperan cambios en la política de emisiones del Tesoro francés ni una nueva estrategia que suponga disminución de las subastas. El Ministerio de Finanzas de Francia rechazó que el país esté considerando un cambio hacia la emisión de bonos a corto plazo. «La estrategia de emisión de deuda de Francia responde a la demanda de los inversores. Esto nos permite tener flexibilidad a la hora de decidir qué bonos específicos emitiremos en las subastas, para así ajustarnos lo máximo posible a la demanda», explicó el ministro de finanzas del país a Bloomberg, Ronald Lescure.
Fuente: EL Economista