Tal y como se preveía, España marcó un nuevo récord de recaudación fiscal en el primer semestre de este año, alcanzando los 148.944 millones de euros a pesar de las rebajas tributarias aprobadas por el Gobierno para paliar las subidas de precios provocadas por la guerra en Irán.Y se estima que la recaudación tributaria en España crecerá a final del año en torno a un 8,5% superando los 350.000 millones de euros.
Todo ello tras cerrar 2025 con un nuevo récord de ingresos tributarios. Sólo mediante impuestos las Administraciones Públicas ingresaron 325.356 millones de euros el año pasado con un crecimiento interanual del 10,4%, continuando con la serie de crecimientos sostenido y récords históricos en impuestos directos como el IRPF, durante los ocho años de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. Periodo en el que, la carga tributaria se ha convertido en un tema central de debate político y social en España, marcado por aumentos de cotizaciones, propuestas de nuevos gravámenes y ajustes en figuras como el salario mínimo interprofesional (SMI).
De hecho, la recaudación ha mostrado un crecimiento sostenido desde 2017, con la excepción de 2020 debido a la pandemia, mientras que desde 2021 se observa un repunte notable, con incrementos significativos en la aportación media por ciudadano, al tiempo que la recaudación de IRPF ha crecido un 60% en cinco años por la negativa de Hacienda a deflactar, es decir a ajustar los tramos y deducciones del impuesto para compensar la inflación.
Las 94 subidas fiscales que ha hecho Sánchez en ocho años de gobierno hacen que un sueldo medio tribute un 48% y sumando el IBI, el efecto del déficit y otros gravámenes, la carga fiscal llegaría ya al 54,7% del coste laboral. Un hito para las arcas públicas que contrasta con una sociedad que, en su inmensa mayoría, sigue percibiendo que su situación económica empeora Y esto con un gobierno que presume, aunque no ejerce, de ser el más social de la historia.
Todo un asalto a los bolsillos de los españoles que ya soportamos un esfuerzo fiscal un 17,8% superior a la media de nuestros socios europeos y que desde que gobierna Pedro Sánchez hemos pasado de aportar una media de 4.157 euros en 2017 a 6.573 euros en 2025, lo que suponen 2.416 euros más por persona, un incremento del 58,1%.
Y, a pesar de ese máximo histórico en ingresos tributarios las cuentas públicas de España siguen en números rojos. Con el añadido de que la política fiscal confiscatoria y abusiva de este gobierno está desencadenando el empobrecimiento de las clases medias, que en este país hay más de 12,1 millones de personas, el 25% de la población, en riesgo de pobreza y exclusión de los que 4,3 millones está en situación de exclusión severa. Y que España es el segundo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que más capacidad de compra ha perdido en los últimos años.
Con más de 3,7 millones de parados reales, España tiene, además, un mercado laboral contaminado por la precariedad y la rotación en el empleo. A lo que hay que añadir unos precios de la vivienda inasumibles para la mayoría de la población, una inflación desmesurada, el deterioro de los servicios y unos impuestos de usura que revelan, el fracaso de las políticas económicas y sociales del gobierno.
España lidera también el ranking de la OCDE entre los países en los que más ha subido la deuda pública cerrando el año 2025 con un nuevo récord histórico anual de deuda que se elevó hasta los 1,698 billones de euros, 77.652 millones que en el año precedente.
Y mientras se bate récord de recaudación fiscal, el déficit de inversión en infraestructuras de transporte es de 150.000 millones de euros Pagamos más impuestos que nunca y tenemos los peores servicios de la historia. Ahí están el caos ferroviario, las carreteras infames, el apagón histórico, las listas de espera sanitarias o los pésimos resultados de nuestros escolares en las estadísticas internacionales. Impuestos que, dicen, son para sufragar el Estado de Bienestar pero que, a la vista está, todo apunta que se destinan al bienestar y los ingresos del gobierno y sus amigos. ¿A dónde va nuestro dinero?
Fuente: El Economista