La justicia obliga a tributar en el IRPF las dietas de los trabajadores si se cobran de forma fija todos los meses

Las empresas tendrán que practicar la retención del IRPF sobre las dietas por locomoción y manutención que pagan a sus trabajadores si se trata de una cantidad fija que perciben todos los meses.

El Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) recuerda que estas dietas tienen como finalidad compensar los gastos en restaurantes y desplazamientos que hacen los empleados para desarrollar su trabajo y, por eso, están exentas de IRPF.

No obstante, añade que si la compañía las abona todos los meses por el mismo importe, estas pierden su naturaleza de dieta y su fin compensatorio, ya que no se pagan de un modo puntual y variable. Estas cantidades pasarían a formar parte del salario y, por lo tanto, a tributar en el IRPF.

Además, imputa a las empresas la carga de la prueba para demostrar que estos importes compensan los gastos de dietas de los empleados y que no son salario. Añade que los correos electrónicos con clientes en los que se confirman las visitas no valen y son solo testimoniales. Se necesitan documentos que acrediten la realidad del viaje, el modo, el vehículo utilizado, el kilometraje o el gasto de combustible; es decir, tickets y facturas.

En el caso del litigio, la sentencia del pasado 18 de noviembre indica que la empresa ha sido incapaz de demostrar que esos gastos correspondan a dietas por comidas y traslados, ya que la cantidad no variaba y el trabajador la percibía cada mes.

Recuerda que tanto la propia Sala como otros Tribunales Superiores de Justicia ya han declarado que la naturaleza de la dieta es indemnizatoria, ya que pretende paliar el gasto en el que incurre el trabajador para llevar a cabo su trabajo, de ahí el sentido de su exención en el IRPF. «La consecuencia de lo anterior será, ante la falta de prueba de que aquellas cantidades percibidas de forma fija como dietas estuvieran exentas, (que) deberá estimarse que estas venían a formar parte como un elemento más del salario», concluye.

Fuente: El Economista